Enriqueta faber.

TITULO:  ENRIQUETA FABER

                   PRIMERA MUJER QUE EJERCIO LA MEDICINA EN CUBA.

 

AUTORES: Washington Rosell Puig

                     Ena R. Paneque Ramos

 

CENTRO:  Facultad de Ciencias Médicas “Enrique Cabrera”

 

INTRODUCCIÓN

 

Este trabajo es un resumen de dos artículos publicados acerca de este tema por el Dr. Emilio Roig Leuchsenring bajo el seudónimo de “Cristóbal de la Habana” en la revista Vanidades ( Julio y Agosto de 1946.)

 

Estos dos artículos y otros trabajos de este autor que tratan asuntos relacionados con la medicina y los médicos, se recopilaron en un libro publicado por la Academia de Ciencias de Cuba, a través del Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay” en 1965, con motivo del 75 aniversario del nacimiento de Emilio Roig, como merecido reconocimiento a su labor de historiador y periodista; por su hombredad, su obra esclarecedora y su acendrada cubana.

Los artículos relativos a Enriqueta Faber están escritos como una biografía novelada, en la que se reflejan los aspectos fundamentales de su vida y las limitaciones de la mujer en aquella sociedad.

Este trabajo tiene dos objetivos:

 

1.- Destacar la obra del Dr. Emilio Roig, quien entre otras cosas, sostuvo la defensa de

      Finlay contra la injusticia histórica y el intento de los norteamericanos de arrebatar

      Al sabio cubano, la gloria por su genial descubrimiento.

 

2.- Destacar los aspecto fundamentales de la vida de Enriqueta Faber y de la sociedad

      en que vivió, que limitaba los derechos civiles y políticos de las mujeres,

      convirtiéndolas en objetos para el placer de los hombres.

 

DESARROLLO

 

La protagonista de esta verídica historia que ha de parecer novela, nació en Lausana, Suiza, el año 1791. De pocos años quedó huérfana al abrigo de un tío, coronel de un Regimiento francés. Ya de joven no mostraba inclinaciones por las costumbres femeninas de esa época, por lo que su tío procuró casarla, con el fin de atraerla al verdadero porte de una mujer. Ella accedió por darle gusto y se casó con un oficial del regimiento de aquél, con quien tuvo un hijo que murió a los 8 días de nacido.

 

En esa época, Napoleón Bonaparte era Emperador de Francia, y Enriqueta marcha con su tío y su marido a la guerra con Alemania, donde este último muere en una batalla. Contaba entonces 18 años y de acuerdo con su carácter independiente, abandonó a su tío y se fue a París. De sano corazón y libre de atracciones sexuales, deseosa de ganarse la vida por su propio esfuerzo y convencida de que, como mujer, solo tenía dos caminos a seguir: el matrimonio o la prostitución, decide vestir de hombre y estudiar cirugía bajo el nombre de Enrique Faber, recibiéndose de cirujano con el intento de socorrer a los necesitados.

 

Con otros médicos fue enviada a los ejércitos que trataban de conquistar a Rusia. Allí encontró  a su tío y con él tomó parte de aquella desastrosa campaña, asistiendo a los heridos. Luego pasó a España, murió su tío y fue hecha prisionera en Miranda, hasta que firmada la paz fue liberada, dirigiéndose a París y de ahí a la Antilla-francesa de Guadalupe, pero los negocios no le fueron bien. Ante esta situación decidió venir a Cuba, sin cambiar de vestimenta de hombre, porque ya estaba acostumbrada y le permitía ejercer su profesión de médico.

 

En enero de 1819 llegó a Santiago de Cuba y a los pocos días se trasladó a La Habana con la finalidad de legalizar su situación en la Isla. Un Tribunal del Protomedicato de La Habana la examina y la autoriza a ejercer en todo el territorio. A propuesta del Tribunal, el Gobierno la nombra Fiscal del Protomedicato en Baracoa.

 

En esta villa conoció a una joven huérfana y enferma de la terrible tisis, llamada Juana de León, que vivía en la mayor miseria en un humilde bohío, al amparo de una anciana lavandera. A esta joven le propuso matrimonio, formal pero no real, con la finalidad de cuidarla y prolongar su vida. Esto le serviría de consuelo y de estímulo para luchar con la sociedad. Enriqueta Faber le confesó que su vida se fundaba en un terrible secreto que no podía revelarle en ese momento y que quizás lo hiciera más tarde. Además, le explicó que en el mundo serían esposos, pero en la intimidad matrimonial sólo dos amigos, ofreciéndole convertirse al cristianismo para poder celebrar el matrimonio, hacerla feliz y buscar la paz para su alma.

 

En agosto de 1819 se efectuó la boda en la iglesia parroquial de Baracoa. Los primeros meses de matrimonio transcurrieron felices para ambos cónyuges. Juana, ya convaleciente de su enfermedad no se conformaba con su pasivo papel de amiga y ante las esquiveces de su marido se volvió cavilosa y sombría, comenzaba a sospechar acerca de la verdadera identidad de su esposo. En esta situación fue consolada y aconsejada por el licenciado Garrido, padrino de la boda. En esos días E. Faber recibe una notificación, prohibiéndole el ejercicio de su profesión mientras no tuviese autorización oficial para ello, porque se decía que su título era falso y que pertenecía a un pariente fallecido en las batallas de Napoleón.

 

Para aclarar su situación profesional, E. Faber marcha a La Habana y aprovecha la oportunidad para confesarle al Obispo Espada sus pecados y recibir consejos. El obispo le dice que el asunto es grave y le orienta que regrese inmediatamente a Baracoa, confiese sus maldades a la infeliz Juana, quien debe presentarle querella ante los tribunales y después de cumplida la sentencia impuesta, dedicarse a asistir enfermos vistiendo el hábito de Hermana de la Caridad. Sólo entonces recibiría la absolución de Dios.

 

En Baracoa, Enriqueta no cumplió totalmente con las órdenes dadas por el obispo, por considerarlas muy crueles e implacables, pero en la población ya se divulgaba el rumor de su verdadero sexo, Al fin, Enriqueta le confesó a Juana toda la verdad y aunque al principio acordaron continuar viviendo juntas, en paz, como hermanas, la situación se tornó insostenible, la separación era indispensable.

 

Enriqueta se marchó al pueblo de Tiguabos, donde bien pronto se corrió que era mujer. Allí se reunía con gente soez y pendenciera, dedicada a las orgías, con la que sostenía frecuentes disputas. Un día, en el pueblo del Caney, después de abundantes libaciones alcohólicas, la desnudaron y comprobaron su sexo. Ella amenazó de muerte a uno de los que, no conforme con ello, había querido ultrajarla.

 

En enero de 1833, Juana de León presentó querella criminal contra Enriqueta Faber, mediante poder conferido al  licenciado Garrido, padrino de la boda, pidiendo nulidad del matrimonio.

 

Enriqueta fue presa en febrero y se ordenó su reconocimiento por los facultativos, lo que ella trató de impedir confesando su verdadero sexo, pero el examen se realizó. En la cárcel trató de envenenarse por haber llegado hasta ella el rumor de que se le iba a pasear desnuda por las calles.

 

En junio de ese año un tribunal de Santiago de Cuba dictó sentencia, condenando a Enriqueta Faber a sufrir reclusión por 10 años en la Casa de Corrigendas establecida en la Habana, bajo la vigilancia especial de la autoridades competentes y después de cumplidos, permanecer recluida hasta que sea remitida a cualquier punto extranjero.

 

Enriqueta apeló de esta sentencia a la Audiencia de Puerto Príncipe, escogiendo como defensor  al licenciado Manuel Vidaurre, quien se interesó por ella. De su brillante informe son estos párrafos:

 

“Enriqueta Faber no es una criminal. La sociedad es más culpable que ella, desde el momento en que ha negado a las mujeres los derechos civiles y políticos, convirtiéndolas en muebles para los placeres de los hombres. Mi patrocinada obró cuerdamente al vestirse con el traje masculino, no solo porque las leyes no lo prohíben, sino porque pareciendo hombre podía estudiar, trabajar y tener libertad de acción, en todos los sentidos, para la ejecución de las buenas obras. Qué criminal  es ésta que  ama y respeta a sus padres  que sigue a su marido por entre los cañonazos de las grandes batallas, que cura a los heridos, recoge y educa a los negro desamparados y se casa nada más que para darle sosiego a una infeliz huérfana enferma?. Ella, aunque mujer no quería aspirar al triste y cómodo recurso de la prostitución...”

 

En este momento el fiscal interrumpió irónicamente y dijo, “ debe ser una santa”, pero el defensor repuso rápidamente, “ o mejor una victima”.

 

La Audiencia le rebajó la condena de 10 a 4 años de servicio en el Hospital de Paula de la Habana, vistiendo traje propio de su sexo y después saldrá del territorio español.

 

Esta condena significó el desplome total de su vida, convirtiendo a la pacífica y bondadosa Enriqueta Faber en irascible y pendenciera. Por tratar de escaparse del hospital, se le envió a las Recogidas. Fueron tantas las reyertas que suscitó allí, que fue embarcada a los Estados Unidos.

 

En 1844 se dirigió a Veracruz vestida con el hábito de las Hermanas de la Caridad, respondiendo al nombre de Sor Magdalena, donde trabajó como portera. Después pasó a Nueva Orleáns, donde acabó santamente sus días asistiendo a los enfermos.

 

CONCLUSIONES

 

Enriqueta Faber, la primera mujer médico de Cuba, legalmente autorizada por el Protomedicato de la Habana, puede ser considerada pionera del movimiento feminista triunfante ya en casi todo el mundo y felizmente en nuestra patria. Su nombre pasará a la historia de Cuba con los respetos de las almas grandes y de los corazones generosos. Tal y como manifestó su sentimiento el Dr. Emilio Roig al final de esta historia, quien expresó: “Por mi parte, después de haberlo meditado mucho y de haber sometido vuestra conducta al crisol de mi conciencia honrada y al escalpelo de mi austero carácter, os absuelvo completamente y sin reservas.

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

- Roig de Leuchsenring, E. “La primera mujer médico en Cuba”, en 1819: Enriqueta Faber. En Academia de Ciencias de Cuba “ Médicos y Medicina de Cuba”. La Habana. Museo Histórico de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay 1965 (31-49).

 

 

Diseño y Programación :

-Anabel González Díaz

-Jorge Soneira  Martín

                                                                    FCM .Dr. Enrique Cabrera

                                                   Catedra Carlos.J.Finlay